Russell Crowe también es un extranjero en Hollywood, ya que nació en Nueva Zelanda en 1964. Sus primeros pasos en el cine los realizó, al igual que Bardem, con el reconocimiento del equivalente del Oscar® en Australia: fue nominado por The Crossing (1990) y ganó por Proof (1991) y por Romper Stomper (1992). Fue en esta brutal película, en que interpretaba a un “skinhead” neo-nazi, que llamó la atención de Ridley Scott.

Pero antes de que tuviesen la oportunidad de trabajar en Gladiator (Gladiador), Russell realizó un muy auspicioso film en Hollywood, L.A. Confidential (Los Angeles al desnudo, 1997), como un policía bueno en un film sórdido. Después llegaría su primer nominación para el Oscar®, por The Insider (El informante, 1999) pero, a pesar de los quilates de su actuación, el premio se lo llevó Kevin Spacey, su compañero de reparto de L.A. Confidential. Sin lugar a dudas Crowe tiene la garra para representar a Máximo, el general romano que se convierte en gladiador después de que su familia es asesinada, y quizás se logre subir a la ola triunfante de la película, al igual que hizo Charlton Heston hace cuarenta años en Ben-Hur (Ben-Hur, 1959), pero el suyo sería un premio de esos que con los años decanta como el Oscar® dado por la película equivocada, el año equivocado. Ya el ímpetu de victoria que acarreaba su actuación empezó a decaer al acercarse la fecha de anuncio de las nominaciones (el 13 de febrero), en que Tom Hanks empezó a perfilarse como el posible ganador. O, por lo menos, la batalla parecía que iba a librarse entre los dos en sus arenas respectivas, la del circo romano y la de la isla desierta. Pero la sorpresiva nominación de Ed Harris vino a desestabilizar el equilibrio. Ahora la categoría Mejor Actor es el gran signo de interrogación de los Oscar®.



Javier Bardem nació en España, en 1969, en una familia de actores. Ha hecho una destacada carrera en su país, desde su primer suceso, Jamón, Jamón (1992). Dos veces fue ganador del premio Goya, al Mejor Actor de Reparto por Días contados (1995) y al Mejor Actor por Boca a boca (1996). Otras películas de repercusión han sido Tacones lejanos (1991) y Carne trémula (1997), ambas de Almodóvar.

La oportunidad de ingresar al mercado estadounidense llegó cuando Benicio Del Toro (también nominado este año), rechazó el papel del escritor cubano Reinaldo Arenas, perseguido por su homosexualidad. El rol le exigió a Bardem un arduo trabajo para dominar el acento cubano y el inglés hablado con acento cubano. Pero una vez que se sumergió en el rol su entrega fue total. A instancias del director (Julian Schnable), la muerte de sida del autor es recreada en sus últimos 15 minutos, en tiempo real. Era convicción de ambos que el público tenía que sufrir esa muerte en carne propia. El éxito coronó su debut americano, y ganó algunos premios de agrupaciones de críticos. Es poco probable que logre el premio, especialmente por la barrera del idioma, pero bien puede convertirse en el próximo Antonio Banderas.



Tom Hanks se ha convertido en el equivalente masculino de Meryl Streep. Es el actor favorito de la Academia de Hollywood, y cada una de sus actuaciones es considerada con especial atención. Nacido en 1956, tuvo sus primeros éxitos a mediados de los ’80: Splash (Splash, 1983) y Bachelor Party (Despedida de soltero, 1984). Después de algunos roles de comedia adicionales, en 1988 sorprendió con su conmovedora actuación en

Big (Quisiera ser grande), interpretando a un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, y por su ductilidad tragicómica en Punchline (La última carcajada). Su primera nominación para el Oscar® llegó por Big. Después vino la hazaña que hacía 60 años no se lograba. Ganó el premio al Mejor Actor dos años seguidos: por el enfermo de sida que demanda a su empleador por discriminación en Philadelphia (Filadelfia, 1993), un rol que, si bien controvertido, marcó un hito en la aceptación de actores de primera línea en papeles gay. El segundo premio fue por Forrest Gump (Forrest Gump, 1994), un alma inocente y una creación magistral de Hanks. Al año siguiente podría haber sido nominado por Apollo 13 (Apollo 13, 1995) y tres años más tarde volvió a estar entre los 5 candidatos, por Saving Private Ryan (Rescantando al soldado Ryan, 1998), pero él y los otros nominados fueron desplazados por el exuberante Roberto Benigni. En 1999 su nombre sonó como posible nominado por The Green Mile (Milagros inesperados, 1999), pero quedó postergado hasta este año, en que realizó una de esas hazañas que a los votantes les gustan tanto. Filmó la mitad de Cast Away (Náufrago), después hizo un año de dieta para perder peso, y retomó la filmación como un náufrago barbudo y esquelético. Lo que es más. Como en Hollywood no se pierde el tiempo, el director de Cast Away, Robert Zemeckis, aprovechó ese año “en blanco” para filmar What Lies Beneath (Revelaciones, 2000). No obstante tantos factores a su favor, todo el ímpetu que venía juntado la candidatura de Hanks ha empezado a plantear sus dudas. Suenan las voces de protesta de que es demasiado joven para ya darle su tercer Oscar®, que su actuación no se cuenta entre las mejores de su carrera, que cualquiera sobresale si está actuando solo, etc, etc. Para complicar aún más las cosas, la nominación de Ed Harris, por lo sorpresiva, está cobrando cada vez más seguidores, que claman la justicia de premiar a este actor por una obra maestra de la actuación. Otros roles memorables de Tom Hanks fueron junto a su partenaire favorita, Meg Ryan: en Sleepless in Seattle (Sintonía de amor, 1993) y en You’ve Got Mail (Tenés un e-mail, 1998).



Ed Harris nació en 1950, y desde joven dejó su marca en todos los films en que apareció. A menudo reprime sus emociones y sentimientos ante la cámara, pero no por eso deja de verse detrás de sus ojos el tormento, o la felicidad que embarguan a su personaje. Entre muchas actuaciones destacadas podemos mencionar The Right Stuff (Los elegidos, 1983), Sweet Dreams (Dulces sueños, 1985), Jacknife (Cicatrices de guerra, 1989),

junto a Robert DeNiro (quien hace muchos años tuvo en carpeta filmar una biografía de Pollock con la improbable Barbra Streisand), Glengarry Glenn Ross (El precio de la ambición, 1992), Nixon (Nixon, 1995), y las dos que le valieron sendas nominaciones al Mejor Actor de Reparto: Apollo 13 (Apollo 13, 1995) y The Truman Show (The Truman Show, 1998). Harris arrastra este proyecto sobre la biografía del revolucionario artista plástico Jackson Pollock desde hace 10 años. Además, es su opera prima como director. Ha sido una obra de amor el lograr llevarla a la pantalla. Si a eso le sumamos el talento de este actor, y sus firmes convicciones (se lo vio tozudamente cruzado de brazos, sin aplaudir, cuando la Academia le otorgó un muy discutido Oscar® Honorario al controvertido Elia Kazan) tal vez entendamos lo que se está dando en los corrillos de Hollywood. La inesperada nominación de Ed Harris claramente desplazó a Michael Douglas, que era considerado número puesto por Wonder Boys (Fin de semana de locos). Pero resulta que, una vez digerida la sorpresa, las revistas especializadas están preguntándose hasta qué punto la presencia de Harris arroja dudas sobre las posibilidades de Hanks y Crowe. Lo malo de todo esto es que, en este estado de cosas, con 3 contrincantes disputándose el Oscar®, se puede dar una división entre los votos y la elusiva estatuilla puede ir a parar a manos de un cuarto, por ejemplo Javier Bardem, que puede contar con el favor de los miembros hispanos y gay de la Academia.



Geoffrey Rush era un actor teatral de primera línea en su Australia natal cuando el éxito internacional le llegó repentinamente. Y a través del cine. Nació en 1951 y durante sus estudios de arte dramático compartió un departamento con Mel Gibson. El suceso y la estatuilla dorada son el resultado de su magistral actuación como el atormentado pianista David Helfgott en Shine
(Claroscuro, 1996)
,
que le valió el Oscar® al Mejor Actor. Dos años

después apareció en 3 películas de época: Les misérables (Los miserables, 1998), Elizabeth (Elizabeth, 1998) y Shakespeare in Love (Shakespeare apasionado,1998). Por esta última volvió a ser nominado, pero como Actor de Reparto. Y tras otro dos años más, vuelve a ser escogido por la Academia, pero nuevamente en la categoría mayor. En Quills (Letras prohibidas: La leyenda del Marqués de Sade) representa al marqués de Sade. Se trata de la adaptación de la obra teatral del mismo nombre, de Doug Wright. La trama gira en torno del período de internación de Sade, y Rush transmite a la perfección la mezcla de locura y seducción del Marqués, y su interacción con la lavandera del asilo (Kate Winslet), el director médico de la institución (Michael Caine) y la esposa (Jane Menelaus, su esposa en la vida real). Rush no tiene muchas chances de alzarse con el premio, pero sumar 3 nominaciones para el Oscar® le asegura la continua atención de los productores, para que nos siga regalando su gran talento.

M.C.





 
 
 
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